Se nos va la vida – Por Gloria Ayala Person

Cada vez que escucho esta frase me entristece, quizás porque encierra el anhelo de vivirla diferente o porque plantea que no somos dueños de la vida y se nos escapa como sin poder hacer nada al respecto.

No te confundas, no tenemos los años que figuran en la cédula, al contrario, esos ya se han ido; solo tenemos los que nos quedan por vivir y la incertidumbre de no conocer la fecha de vencimiento del permiso actual que gozamos al existir.

Por lo tanto, aunque nos cueste admitirlo, solo tenemos el presente, ya no tenemos el pasado y aún no tenemos el futuro. Nada mejor que valorar la escasez, para percatarnos del extremo valor y privilegio que tenemos en este mismo instante por el solo hecho de estar vivos.

Somos dueños absolutos de dos cosas: capacidad para discernir y libertad para decidir. Con estas dos herramientas podemos forjar el futuro que anhelamos y cumplir, en lo que nos quede de vida, las expectativas que tenemos para nosotros y nuestras familias.

En ese orden de cosas, estaría la necesidad de desarrollar buenos hábitos financieros, no solo para disfrutar de salud financiera, que sería la posibilidad de llegar a fin de mes y ahorrar por lo menos el 10% de nuestros ingresos sino para alcanzar un paso más que ya sería la tranquilidad financiera.

 Esa tranquilidad implica poder contar con un colchón de ahorro ante imprevistos, con inversiones que nos permitan tener un respaldo económico y con seguros que nos den la previsión ante situaciones como problemas de salud o eventos que puedan afectar a nuestros bienes materiales (robos, incendios, accidentes, etc.)

Pero todo lo anterior, aunque muy importante, resulta insuficiente. Actualmente, las estadísticas nos obligan a rediseñar nuestro estilo de vida para comprender que las familias ya no cuentan con 10 hijos que cuidarán a sus ancianos padres cuando estos estén retirados. Hoy en día, las familias son más pequeñas y tienen altos costos de vida y por otro lado, una persona de 60 años está aún muy lejos de considerarse anciana, sino que aun tiene una proyección de varios años de vida por delante.

Entonces, la meta debe ser lograr libertad financiera que sería el cálculo matemático resultante de cuantos años podrías vivir, con tu misma calidad de vida, manteniendo tus gastos y pagando tus cuentas, sin trabajar, pudiendo asumir todos tus costos con los ingresos provenientes de tus inversiones.

Entonces, mientras trabajas y recibís ingresos activos, tenés que destinar una parte a inversiones que más adelante te generen ingresos pasivos. Así, cuando ya no trabajes, podrás mantenerte dignamente sin depender de tus hijos, pagando tus gastos con lo que cobres de intereses, alquileres y dividendos.

El destino no es cuestión de suerte, es cuestión de decisión; no es algo que se espera, es algo que se logra.No dejes para mañana lo que puedas decidir y empezar a hacer hoy mismo. Sigamos Hablando de Dinero, que así aprendemos a manejarlo mejor.

 

gloria@ayalaperson.com

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