Incoherencias Coherentes

Hoy en día, los niños vienen de fábrica con un software actualizado. Pequeños de 3 años hablan como nosotros lo hacíamos recién a los 6, los comportamientos adolescentes que teníamos a los 14 los vemos en chicos de 9 o 10 años. Sin embargo, en “mi época”, a los 20 ya nos consideraban adultos, muchas veces ya estábamos casados y con hijos, mientras que hoy en día antes de los 30 ni se piensa en salir de la casa materna.

Cada día cuesta más independizarse, y es que las comodidades a las que actualmente estamos acostumbrados implican inversiones importantes ¿Cómo podríamos vivir sin aire acondicionado, somier, internet, TV cable, microondas y otros detalles cotidianos a los que accedemos en la casa familiar? Todo esto hace a la calidad de vida a la que estamos habituados pero, sobre todo, implica costos.

Así, muchas veces, vemos como el desarrollo personal no crece en la misma dimensión que el desarrollo profesional. La capacidad intelectual desarrollada por nuestros hijos, gracias a años de estudios académicos en los que van acumulando títulos universitarios, posgrados e idiomas, no siempre acompaña el ritmo de crecimiento de la capacidad emocional para tomar decisiones financieras asertivas.

Muchos jóvenes inician su vida laboral antes de los 20 años, pero apenas empiezan a ganar dinero caen en la tentación de gastarlo en artículos superfluos o incluso se endeudan gastando más de lo que ganan, quemando así una década de ingresos en costos sin sentido. Como consecuencia, cuando a los 30 años pretenden independizarse, se encuentran muchas veces sin nada en los bolsillos pero con altas expectativas y desilusiones complicadas.

Una vez que se independizan, forman pareja o deciden tener hijos los gastos escalan notoriamente. Por ello, es fundamental que en los años de juventud, por más de que sus ingresos sean pequeños ahorren e inviertan todo lo que puedan, aprovechando el apoyo de los padres quienes probablemente aún estén asumiendo la mayoría de sus costos de vida.

El consejo genérico es que todos debemos ahorrar por lo menos el 10% de nuestros ingresos, sin embargo, los ciclos de productividad de vida acompañados de los compromisos que asumimos con el tiempo, tanto familiares como financieros, me permiten sugerirte aumentar ese porcentaje drásticamente en los primeros años laborales (si se cuenta con el apoyo familiar) para luego dirigir los esfuerzos de ahorro e inversión a alcanzar las metas específicas que te vayan surgiendo.

Quizás en los primeros años las metas de ahorro e inversión estén relacionadas a la universidad, la tesis o un posgrado, para luego cambiar a metas de independencia económica y financiera como, por ejemplo, contar con un vehículo o ir pagando las cuotas de un inmueble propio.

Si no logramos desarrollar el hábito del ahorro desde el primer empleo, cada vez se hará más difícil lograrlo pues con el paso de los años, las metas y los gastos se multiplican, ya que debemos asumir costos importantes como la matrícula escolar, los viajes en familia, las comodidades del hogar y un sin número de nuevos compromisos que en lugar de descender siempre van en aumento.

Por eso, planificar la independencia de los padres o formar una familia es mucho más que una cuestión de deseo, constituye una decisión que requiere madurez emocional, estabilidad económica y proyección financiera, que son la base para poder alcanzar y mantener nuestra calidad de vida. Sigamos Hablando de Dinero, así aprendemos a manejarlo mejor.

Econ. Gloria Ayala Person

gloria@ayalaperson.com