Economía de guerra para las familias

Durante y post cuarentena del coronavirus

Una coyuntura que nadie esperaba se presentó sin aviso para cambiar nuestra percepción de la vida, golpeando nuestra calidad de vida y haciendo tambalear fuertemente los cimientos de las certezas humanas. Nos abrumamos con toneladas de información intentando darle un formato entendible a lo que tan vertiginosamente sucede, incluso inventando explicaciones para poder tratar de volver predecible lo que, hasta hoy, seguimos sin comprender.

Quién pueda determinar cuál será el alcance económico, social y financiero post coronavirus o es un mago o es un mentiroso. En mi opinión, los efectos serán variados en diferentes estratos sociales, dependiendo de las actividades, rubros y profesiones de los miembros de cada familia. Sin embargo, absolutamente a nadie le conviene que sus proveedores y clientes tengan problemas financieros, en una economía todos dependemos de que a los demás les vaya bien y tengan dinero para comprar nuestros bienes y servicios.

En este caso, el enemigo invisible se ha apoderado de las calles de las ciudades de todos los países del mundo, paralizando literalmente comunidades enteras, por lo tanto, no podemos mudarnos de país para escaparnos de esta guerra. Tendremos que sobrevivir con las condiciones que nos permitan ir, de a poco, recuperando nuestra calidad de vida pero debemos comprender que ya no será la misma. Cuanto antes lo comprendamos y asumamos podremos tomar medidas más asertivas, mientras que cuanto más tardemos más errores cometeremos.

En familia

Lo primero que vamos a tener que hacer en familia es tomarnos un “ubicol”, es momento de definir prioridades y tener conversaciones francas para que todos colaboren. Los ingresos que teníamos, hayan sido fijos o variables, ya no son seguros y, de hecho, en muchas familias, más de un ingreso directamente se ha esfumado. Por otro lado, aún no sabemos cómo estarán en un par de semanas los precios de productos que consumíamos usualmente.

Las deudas no son todas iguales, algunas cuotas podremos pasarlas para más adelante pero otras no, pues quienes esperan que paguemos en tiempo y forma también dependen de nuestro cumplimiento para hacer frente a sus propios compromisos, que se traducen en pago de salarios, comisiones, alquileres, gastos básicos y otro sinnúmero de obligaciones que también impactan en el ingreso de otras familias.

Por ello, es momento de conversar para mantener la calma y tomar decisiones estratégicas en familia. Necesitamos de un presupuesto bien detallado para saber con cuánto contamos de ingresos y a qué pagos vamos a destinar cada guaraní.

No existe una receta única

La realidad de cada familia es diferente, por lo que no hay una receta única que nos sirva a todos. Así que no pretendo más que sugerir esquemas de trabajo que se pueden ir adaptando a sus realidades particulares.

Presupuesto significa “previo a que suceda, supongo lo que podría pasar”. Iniciemos analizando la situación de este mes para proyectar los siguientes. En condiciones normales, lo ideal es tener proyectado el presupuesto a 36 meses; en este caso, teniendo en cuenta la enorme incertidumbre, considero apropiado proyectarlo solo a 12 meses. De esa manera podremos visualizar un ciclo completo y evaluar si vemos luz al final del túnel o si tememos caer en el abismo.

En este sencillo modelo podrás estimar los ingresos, los gastos y la capacidad de ahorro de la familia. Empezá presupuestando un 10% de ahorro como mínimo, pero si en este momento eso es una utopía, entonces arrancá con el 1% y cada mes andá aumentando el monto de tu ahorro hasta llegar a lo ideal. Ahorrar es una prioridad, no es opcional y sobre todo el que menos gana es el que más necesita ahorrar y planificar, pues cualquier imprevisto le afecta mucho más que a otros.

Cambio de paradigmas

Si esperabas que al levantarse la cuarentena tu vida vuelva a ser la misma que antes de la pandemia, eso probablemente no suceda. Nadie sabe con certeza cuanto tardará la economía en recuperarse pues estamos viviendo una situación generalizada y sin precedentes.

Teniendo eso en mente, como no podemos tener certeza de los ingresos, necesitamos mirar los gastos con una lupa. Podemos aprovechar esta coyuntura para analizar nuestros gastos y aplicar esta regla: “si no ayuda, molesta”.  Con ese criterio podemos limar el presupuesto familiar, de tal manera a que nos encuentre más conscientes financieramente y con una mirada más estricta para clasificar las necesidades, gustos y caprichos.

Aprendizajes para la vida:

No podemos permitirnos la irresponsabilidad de que la crisis generada por el coronavirus, no nos enseñe nada e intentemos seguir con nuestra vida como si nada hubiera pasado. Entonces, algunas lecciones financieras que debemos interiorizar en nuestros hábitos y toma de decisiones, podrían ser:

  • Muchos de los gastos que pensábamos eran necesidades, había sido eran lujos o caprichos.

  • Toda la familia debe conocer la realidad y las prioridades. El presupuesto se hace entre todos. Recordemos que no sufre tanto el que nunca tuvo, el que más sufre es quien tuvo y perdió.

  • Es fundamental contar con un ahorro para imprevistos equivalente a 3 meses de nuestros ingresos para que en caso de que nos quedemos sin ingresos podamos cubrir nuestros gastos corrientes (alimentación, cuotas de préstamos, alquileres, pagos de servicios básicos, etc.)

  • Ahorrar no es opcional, es la primera cuenta que debemos pagar cada mes, y aunque cueste no es suficiente. Tenemos que invertir para que nuestro dinero nos genere rendimientos que podamos recibir cuando no trabajemos (ingresos pasivos)

  • Invertir no es suficiente si vamos usando los intereses y no vamos incrementando nuestro capital. Es como quedarse sin los huevos y sin la gallina, hay que reinvertir para que nuestro dinero crezca y trabaje para nosotros.

Sigamos Hablando de Dinero, así aprendemos a manejarlo mejor.

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Gloria Ayala Person

gloria@ayalaperson.com